Reconozco que no soy un gran aficionado a los juegos de cartas. Al menos a las coleccionables.
Mi periplo por el mundillo de los cromos -como los llamó una vez mi mujer- se ha limitado a un par de partidas de Magic en una mesa de iniciación durante unas jornadas y una temporada enfrascado en la colección de SATM que no llegó a otra cosa que un montón de cartas mezcladas en el interior de una caja de Muga debajo de una estantería.
Sin embargo, la nueva oleada de juegos de cartas sí que ha captado mi atención lo suficiente como para llevar un seguimiento de las novedades que van saliendo y hacerme con aquellos que me resulten interesantes.
“Sí, Señor Oscuro” es uno de ellos.
A diferencia de juegos como Bang! o Wings of War en los que la pericia del jugador se combina con algo de suerte para salir vencedor de la contienda, en “Sí, Señor Oscuro” los jugadores deberán hacer uso de su ingenio, elocuencia y capacidad de improvisación para salir airosos de la prueba a la que serán sometidos. Vamos, lo que vendría a ser un juego de cartas narrativo.
Los jugadores interpretarán el papel de los miserables e incompetentes esbirros de Rigor Mortis, su poderoso amo y gran Señor del Mal, al cual deberán intentar dar explicaciones del porqué la misión que se les fue encomendada fracasó. Lo típico, vamos.
En las historias los buenos siempre ganan y los malos vuelven a sus guaridas vencidos y humillados a rendir cuentas al Señor Oscuro de turno. Y ahí es donde comienza el juego.
Todos los jugadores excepto el que interpretará a Rigor Mortis recibirán tres cartas con una ilustración cada una que los jugadores deberán combinar para construir una excusa creíble y que la ira del Rigor Mortis no caiga sobre ellos. Para ello, deberán improvisar una excusa para eludir la responsabilidad del fracaso lo suficientemente buena como para salvarles el culo a ellos mismo y, usando una de las dos cartas de acción recibidas, pasarle el marrón a otro o interrumpir su discurso con alguna pulla que actúe en su propio beneficio.
Un ejemplo:
El jugador 1 recibe las cartas ACANTILADO, LLUVIA, ESTATUA y comienza su turno.
“Mi señor, le juro por mi vida que partimos a la hora convenida con tal de pillar a la princesa dormida y poder secuestrarla. Por desgracia, los inútiles que me acompañaban, en vez de hacerme caso y guardar silencio durante la noche, se pusieron a berrear tonadillas de taberna durante al camino y empezó a caer una LLUVIA torrencial. Cuando llegamos al ACANTILADO que nos separaba del castillo, el agua había removido las tierras y una enorme ESTATUA sita frente al paso sobre el precipicio acabó justo en la entrada, impidiéndonos el paso. ¡Imbéciles!
El Señor Oscuro mira inquisitivamente a otro jugador mientras el jugador uno respira aliviado.
¿Es eso cierto, maldita rata inmunda?
El jugador 2 trata de improvisar con sus cartas: BOTELLA, SUCUBOS, GOBLIN.
Estooo, sí señor, perooo…., bueno, también es cierto que antes de salir, aquí el estratega –señalando al jugador 1- había querido celebrar la misión con algo de bebida y sacó una BOTELLA de ron, sin saber que en realidad era una trampa que contenía a dos SUCUBOS y que…
El jugador 3 juega una carta de acción de Interrupción y una de sus cartas de excusa: OTRO SEÑOR OSCURO.
¿Pero cómo puedes ser tan mentiroso?
Pero si en cuanto supiste cuáles eran los detalles de la misión intentaste ponerte en contacto con el némesis de nuestro señor, el OTRO SEÑOR OSCURO para jurarle pleitesía si te ofrecía un puesto de oficial a cambio información sobre la misión y…
Y así sucesivamente hasta que la excusa de algún jugador no se aguanta por ningún lado y el señor oscuro acaba por lanzarle una de las 3 miradas fulminantes. El jugador que acumule 3 miradas fulminantes acaba por pagar el pato y sufre la inmisericorde ira del Señor Oscuro.










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