Si nos tuvieramos que decidir por uno de los juegos que marcaron un hito en la historia del software de 8 bits, posiblemente encontraríamos a La armadura sagrada de Antiriad encabezando los primeros puestos junto con algún título de Ultimate, Hewson o de Codemasters.

Desarrollado en 1986 por Palace Software, una compañía que pese a no ser muy prolífica nos dejó algunos de los juegos que mayor impacto tuvieron en el sector por entonces -Barbarian y Cauldron-, La armadura sagrada de Antiriad nos traslada al planeta tierra en un futuro un tanto lejano, en el que una hecatombe nuclear ha destruído cualquier vestigio de la civilización, devolviendo a los pocos seres humanos que aún siguen con vida a una era de barbarie en la que impera el caos y la anarquía, obligando a los supervivientes a agruparse en tribus para poder subsistir.
Por si fuera poco, una raza alienígena aprovecha la situación para invadir el planeta con el fin de hacerse con los recursos minerales y de paso, esclavizar a la raza humana y someterla bajo su implacable yugo.La única esperanza que le queda a la humanidad es que alguien encuentre la perdida y olvidada armadura sagrada de Antiriad, una coraza creada mucho antes de la guerra y capaz de resistir elevados niveles de radiación. Con ella, se podría entrar en la base de operaciones extraterrestre y destruir el generador de energía, el cual se encuentra en el fortificado interior de un volcán y custodiado por legiones de invasores.
El juego
Se puede decir que el juego tiene dos fases claramente diferenciadas y en las que el modo de juego variará sustancialmente.
En la primera fase, el protagonista debe valerse de sí mismo y sus aptitudes físicas para esquivar los ataques de los alienígenas y alcanzar las ruinas en las que se encuetra la armadura.
Para defenderse, solo contará con las rocas que irá recogiendo en su periplo por la jungla que rodea la base del volcán y que podrá lanzar a los enemigos que obstaculicen su avance en una parábola que deberá calcularse previamente para que el lanzamiento acierte en el objetivo. Si aún no contamos con las piedras, podremos esquivar directamente al enemigo saltando sobre el para evitar el contacto y la consiguiente reducción de vitalidad y a la larga la muerte y pérdida de una vida.
Nuestro héroe contará con 5 reencarnaciones, las cuales al principio no nos parecerán suficientes para alcanzar el final del juego, pero dada la relativa baja dificultad, nos permitirán con un poco de práctica llegar a la armadura con el pool de vidas lleno.
La segunda fase comienza en el momento en que encontramos la armadura sagrada de Antiriad.
Ésta no solo nos protegerá de los ataques de los alienígenas contrarestando con la energía de la coraza la pérdida de nuestra propia vitalidad, sino que nos dotará de impulso antigravitatorio para poder movernos por las pantalla sin necesidad de ir saltando entre plataformas para ascender como en la fase anterior.
Para combatir a nuestros atacantes, esta vez utilizaremos un haz laser con el que podremos ir limpiando las pantallas tal como vamos entrando en ellas y así evitar el contacto físico con el enemigo y la reducción de energía.
Evidentemente, todo el gasto de energía de la armadura es recuperable gracias a varios puntos de recarga repartidos por los diferentes niveles que forman la base de operaciones extraterrestre.
Otro punto al que prestar especial atención es la aparición de enemigos. El movimiento es errático y aleatório, haciendo que cada entreada en la pantalla sea prácticamente impredecible y requiera una gran habilidad y reflejos por parte del jugador.
Por si esto nos parece dificil, en ocasiones aparecerá un robot patrulla al que tendremos que eliminar tan rápido como sea posible o alertará a sus compinches, materializando una nueva oleada de alienígenas a nuestro alrededor y haciendo un poco más dificil el avance de nuestro héroe de metal.
Gráficos y sonido
Pese a que nos encontramos frente a un título memorable, el sonido no es su punto fuerte. Éste se limita a los típicos golpes de efecto sin gracia alguna al impactar con un alienígena y pocos más. La música, solo presente en los créditos iniciales, no responde a la calidad general del juego y apenas aporta nada a la atmósfera del mismo. En lo referente a gráficos, todo cambia.
La armadura sagrada de Antiriad se ganó en su día el beneplácito de la crítica gracias a un grafismo con un nivel de detalle que pocas veces se habían visto antes, así como un uso del color excelente y una mención especial al movimiento del personaje principal, dotado de una naturalidad en los gestos asombrosamente realista y que podríamos decir que ha convertido este título en uno de los incunables de la época dorada de los 8 bits.
Conclusión
La armadura sagrada de Antiriad es uno de esos juegos que dejan una impresión muy positiva y que invitan a ser jugados eventualmente, sobretodo si disfrutaste de él en el momento que apareció en las vitrinas de las casas de software, allá por 1986. El packaging original era algo más grande que los demás juegos y contenía un comic en el que se nos relataba la historia del juego, la guerra y sus consecuencias.
Si aún mantienes el juego en tu colección, considerate afortunado. Tienes en tu poder una verdadera joya.
Nota: 8/10
Descargas
La armadura sagrada de Antiriad: Imagen de disco para SPECTRUM
La armadura sagrada de Antiriad: Imagen de cinta para COMMODORE
La armadura sagrada de Antiriad: Imagen de disco para AMSTRAD














Gracias por hacerme recordar a Palace. Una compañía extraña. Pocos títulos, tampoco técnicamente demasiado brillantes, pero en general grandes éxitos por su originalidad.
Ya sabes: la esencia de éxito son las ideas.
Barbarian era un juego de concepción más que simple, casi infantil. Le dieron el revés con una linea basada en el one-on-one, una buena campaña de marketing con una jamona en la portada (véase Maria Whittacker) y un aura en la prensa de ‘juego para adultos’ a lo Heavy Metal y el cash esta servido.
No se si estoy al 100% de acuerdo contigo en el aspecto técnico, Guti, pero me alegro de haberte hecho recordar viejos tiempos.
Cierto, compré el juego y el packaging era –de tamaño– casi como el de una cinta VHS. Y sí, tenía un cómic dentro, lo que no servía sino para implicarte emocionalmente con el pueblo del protagonista y sentirte culpable cada vez que fallabas en tu propósito (aquella frase final de “tu raza será siempre esclava nuestra” o algo así).
Pero bueno, cierto día me tomé el juego en serio, cogí lápiz y papel para hacer el plano correspondiente y no tuve demasiados problemas para acabármelo.
No dejaba de ser curioso que, para ahorrar RAM, el diseño del panel de mandos se cargara en la pantalla de presentación y se quedará ahí fijo, cambiando sólo de color INK.