“Cuando empieza la aventura, los personajes se encuentran atravesando un camino que no ha sido reparado en casi 100 años. Explica a los jugadores que se personajes se conocen entre sí y que están viajando por un peligroso terreno despoblado, que lleva al pueblo de Refugio Invernal.”
Así es como comienza “La Fortaleza del Páramo Sombrío“, la primera aventura bajo las reglas de D&D 4ª Ed para personajes de primer nivel, editada por Devir en castellano y que formaba parte de los paquetes de regalo que aparecieron bajo nuestro árbol de Navidad el pasado día 25 por la mañana.
La verdad es que es un comienzo bastante frecuente para cualquier sesión inicial en un juego de rol si se desea ir al grano directamente y no invertir más de dos minutos en el desarrollo de las relaciones interpersonales de los PJ. Esto permite que los historiales se forjen a medida que la partida avanza, llenando huecos de descanso y turnos de guardia con buenas dosis de roleo e hilvanando lazos entre los pasados de los personajes. Personalmente no es exactamente uno de mis métodos favoritos para crear un historial. No por la base, sino por la forma.
Me explico.
En este caso, la partida comienza con un grupo de héroes de primer nivel cuyos integrantes ya se conocen, quizás algo un tanto extraño dada disparidad de razas a las que pertenecen y el hecho de que no cuenten con el bagaje profesional ni la experiencia adquirida en la exploración que vaya un poco más allá de sus tierras de origen. Para este tipo de comienzos es preferible trabajar un poco con los jugadores en el desarrollo de sus historiales y una vez en la mesa de juego que sean ellos los que decidan como se han conocido y así asentar los cimientos del grupo. Solamente cuando el grupo está ya creado -no solo los personajes- y nos hemos asegurado de que no existe ningún fleco suelto, es el momento de empezar la partida.
¿Tradicional? Es posible. Pero es me cuesta un poco imaginar un inicio de sesión en el que se pretende que un grupo de personajes formado por un dracónido paladín, un tiefling brujo, un eladrin mago, un semielfo guerrero y un enano clérigo -todos ellos de primer nivel- ya se conocen y forman un grupo de aventureros sin haber esbozado previamente cuatro trazos de trasfondo.

Siempre que me veo obligado a recurrir a aventuras precocinadas intento reescribir el comienzo de la aventura y enlazar los cabos sueltos con algún evento futuro en el desarrollo de la misma, dándole así un inicio trepidante y permitiendo que los historiales de los personajes fluyan con el avance de la aventura.
¿Cómo? Pues por ejemplo sustituyendo…
“Cuando empieza la aventura, los personajes se encuentran atravesando un camino que no ha sido reparado..”
por
“Cuando empieza la aventura, tu personaje se encuentra de pie, con los pies encadenados y con las manos atadas a la espalda en lo que parece ser un patíbulo por las horcas que penden sobre ti y sobre las cabezas de otros seis condenados a tu lado. No recuerdas nada salvo un cubo de agua fría en un oscuro calabozo y la cegadora luz del sol mientras eras arrastrado entre golpes y gritos de la alborotada muchedumbre alrededor de la plataforma en la vas a ser ajusticiado.
Justo en el momento en el que el verdugo se dispone a tapar vuestras cabezas con un saco, uno de los muros del castillo estalla en una atronadora explosión que lanza al aire tanto a los guardias apostados en la muralla como enormes fragmentos de la roca que la forma. En medio del caos de gritos, polvo y escombros, un enorme cascote cae sobre el cadalso, aplastando a dos de los reos, destrozando la plataforma en la que permanecíais y liberándoos de las cadenas que os ataban a la madera.
Un solo pensamiento se lee en vuestras miradas cruzadas: correr. Ya habrá momento de desataros…”
¿Qué ha ocurrido?
¿Qué hacen los personajes ahí y porqué?
¿Porqué no recuerdan nada de lo ocurrido?










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