Aún hoy, después de 25 años, me sigue fascinando la portada de Equinox, con aquella evocadora imagen de una perdida y solitaria estación espacial rodeada de cráteres en un lejano planeta. Una escena tranquila, en absoluto silencio y al mismo tiempo inquietante ante quien sabe que misterios se esconderían tras las puertas de aquellas instalaciones.
En el caso de Equinox, escondían uno de los juegos que más horas me tuvieron frente al monitor de mi viejo CPC 464 y de los pocos que, a día de hoy, aún no he conseguido terminar.











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